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miércoles, noviembre 26, 2008

Tren

Y entonces íbamos en el tren dirección Matlock. A mi diestra un caballero de película de Tarantino: cabellos con gomina, botas tejanas, camisa de cuadros embutida en los pantalones, gafas oscuras y grandes anillos; hablando por teléfono con confianza. Al frente una mujer con un libro; alza la cabeza y ve esos enormes monumentos que desvelan las centrales nucleares. Por un instante solo se oye el andar del ferrocarril.

miércoles, noviembre 19, 2008

Paradójicos

Sólo en la mente infame del hombre caben conceptos paradójicos:



foto tomada un día del marzo pasado.

sábado, julio 12, 2008

Boticas

De nuevo en sintonía. He estado ocupado, tomando decisiones, asiendo de nuevo el control de mi vida, de mi tiempo por estos lares. No he dejado de liberar mi mente, que siempre termina embelesada con las extrañezas con las que vivimos a diario.

Hace algunos días me encontré hablando de dictaduras con gente del trabajo, como por cambiar la costumbre de hablar de finanzas, el tema surgió y parecía que todos tenían algo que decir. Será el hartazgo de hablar de brokers, transacciones, tasas de retorno y demás jerga que nos persigue para robarnos dignidad y tiempo. Pensé.

Uno de los tertulianos (si me permiten llamar tertulia a este engendro de conversación) justificaba a Stalin sin claros argumentos pero con extrema pasión.  Ideas desestructuradas, con opiniones prestadas, sin posibilidad de una conversación sensata. El debate terminó poco después con un acuerdo tácito: "Tenemos ideas radicalmente opuestas y no merece la pena desgastarnos por cuanto no me importas". La escena sigue volviendo a mi mente, que trata y trata de entender, de descubrirle aristas que me ayuden a comprender.

Estamos tan acostumbrados (con una unanimidad apabullante) a ensalzarnos con las mieles de la libertad de expresión, de elección, de credo, de opinión; que con algunas matizaciones, damos por sentadas y, normalmente, acto seguido nos movemos a discutir las regiones donde se sufre, donde hay déficit de libertad, y en el mejor de los casos, a señalar excepciones aquí y allá.

La cantidad de información de la que parece que disponemos nos abruma y nos convence que estamos en una de las mejores eras de la historia de la humanidad, "Con un potencial enorme!"

¿Cómo vamos a ser libres de opinar, de escoger si lo que opinamos y escogemos es lo que opinan y escogen otros?

Vivimos en un orden donde nuestras opiniones son de botica,  donde expresamos lo que pensamos en una o dos frases posiblemente prestadas, donde la opinión es utilizada como herramienta de pertenencia a algún grupo y no como una causa de ello. En ese orden donde tenemos muchos productos de dónde elegir rápidamente, como un McDonalds de ideas, moral de comprar, usar y tirar.

Esta es la sociedad perfecta para crear idiotas mentales, gente que se ciega con espejos, bisutería barata, oropel; ruidos y luces coloridas para entretener la parte mas banal del cerebro. Mientras, los verdaderos estímulos nunca llegan donde deben llegar, allá en los mas profundo de la mente, donde se forman opiniones personales (palabras que se me antojan oximorón).

Dejemos comprar moral, opiniones, criterio en el supermercado y fabriquémoslo nosotros mismos como nos de la gana pero creando una estructura personal para determinar, lo bueno, lo malo, como gastar nuestro tiempo, qué hacer, en una palabra: VIVIR!. 

Sin una estructura mental coherente no podemos filtrar la inmundicia de lo útil, no podemos escapar del rebaño en el que nos encontramos, jamás podremos ser Personas y como consecuencia decidir con autenticidad qué pensar y cómo usar nuestro tiempo en este vividero. Leamos, leamos!



PS:  Callas me tranquiliza los sábados.



jueves, septiembre 20, 2007

El miedo


Estaba pensando el otro día en escribir una entrada acerca del miedo. Del miedo como motor y combustible principal de muchas de nuestras emociones.

Probablemente, uno de los mas grandes logros de una mente iluminada es negar consistentemente el miedo como causa, como motivo principal, como leitmotiv. A ese miedo hay que desterrarlo de los pensamientos, arrinconarlo en la habitación de sentimientos a evitar.

En nuestro accionar autómata, no pensamos; vivimos y hacemos cosas todo el tiempo por el miedo de que ocurra la tragedia, lo indeseado; y eso, visto así, hablando en plata, es un chantaje, de los demás, o de nuestra misma mente. Y bajo chantaje, señores y señoras, no se puede vivir.

Esculquen, busquen, cuales son las acciones, pensamientos, actividades, palabras, comportamientos, que tenemos, decimos, hacemos, y pensamos, y que están basados puramente en el miedo, por evitar una posible consecuencia, desastrosa por supuesto. Consecuencias que por lo general están sobre dimensionadas.

?A qué tienes miedo?

sábado, febrero 24, 2007

Yo, Commuter


Un, dos, tres... despertador, despertar, esperar a que el corazón aumente su frecuencia de forma gradual, levantar! Un, dos, tres... desayuno.. un, dos, tres, bañarse, un, dos, tres, a caminar con paso rápido a la parada de autobuses, un, dos, tres, al bus, esperar, un, dos, tres, el buenos días en el trabajo, un, dos, tres, en el ordenador horas y horas, un, dos, tres, estrés, un, dos, tres, corta caminata de mediodía, un, dos, tres, mas trabajo, un, dos, tres, humano derretido.


Así han sido mis días últimamente. De esos que caen muy cerca de la categoría de lamentables pero que se salvan por algunos pequeños detalles como la buena música que permite perderse en la bahía de Nagasaki odiando Pinkerton mientras voy en el autobus, con los demás commuters, o disfrutar de un Tchaivoksy que ralentiza todo el agite de la ciudad, o los conciertos de piano de Rachmaminov que resuenan y vibran mas que el autobus de dos pisos, o el Papageno de Mozart burlándose de la carrera de ratas mientras canta su nombre como si de una gallina se tratara.

viernes, septiembre 15, 2006

De Pelos

Yo también tengo amigos imaginarios. Si, como casi todo el planeta, que piensa, rompe, asesina, trabaja, baja, besa, come, se reproduce, calla, enamora y engaña, mientras siente que es observado por al menos un ser imaginario (¡vaya un voyeur!). Yo no podría actuar distinto, por supuesto. Los míos no están allí todo el tiempo, poniendo o quitando cáscaras de banano por donde voy sino haciendo sus cosas como todo el mundo.

Por ejemplo, está Joaquín, que no tiene que trabajar y dedica seis meses de su vida a viajar por donde le da la gana y otros seis meses preparando el siguiente viaje. Joaquín, tiene el vicio (tengo que llamarlo vicio) de ir al barbero por donde quiera que va. Yo siempre le digo que es la razón por la que se tarda tanto en cada sitio: esperando que le crezca el pelo un poco. Porque si algo hay que decir de Joaquín, es que es muy respetuoso con la gente y no va a andar por ahí, pidiendo cortes de pelo sin necesidad.

Tiene mil y una historias que contar y solo escuchándole hablar de los barberos, se puede, uno, estar horas y horas. Cómo olvidarse el barbero risueño de El Cairo, que tardó mas de dos horas en terminar. El de Estambul que no paraba de hablar de su hijo médico. Del barbero, en Sevilla, que en el verano no solo corta el pelo sino que hace la afeitada perfecta (dice que el calor abre los poros). El peluquero en Ulán Bator que usa dientes pulidos de camello para arrancar el pelo sin dolor mientras duerme al paciente hablando ese dulce idioma que hablan por allí. La peluquería con masaje de pies y manos simultáneo en Costa Rica. Ha puesto su cabeza a disposición de peluqueros filósofos, dentistas, chamanes, políticos frustrados, bomberos, y hasta un taxidermista. Todo el mundo sabe cortar el pelo, dice.

Joaquín, como muchos calvos, siempre anhela tener mas y mas pelo. Yo siempre le digo que no tiene que buscar explicaciones absurdas para sus viajes, pero me dice que no es eso, que son maneras, métodos de relacionarse con las comunidades locales para poder empezar el viaje de verdad.

Así que si ven a un calvo por allí, hablando con acento extraño y mostrando sumo interés por charlar, llámenlo Joaquín, igual estámos de suerte y estamos sincronizados, pensando en lo mismo.

martes, agosto 22, 2006

Voluntad

a Javalenzuela drawing
Hace unos días empecé a experimentar lo que es la falta de locomoción. Algo pasó en mi espalda que me produjo un dolor agudo en cuanto me movía. Un jueves fui al hospital, el médico me recetó un "cóctel de fármacos" (sic) para el dolor que incluía la famosa Codeina. Un opiáceo. Luego de perder algunas veces el control espacial y taquicardia, suspendí el tratamiento.

Días después, comentándolo con Farfán, un amigo médico, me dice: "La codeína no bloquea el dolor, solo hace que no te importe". Fue inevitable pensar en todas las distracciones, diarias, mundanas que no nos quitan la voluntad, pero nos roban de la forma mas abyecta (sutil) el tiempo para ejercerla.

La voluntad empieza a ser un bien escaso, una actitud en vias de extinción.