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miércoles, noviembre 26, 2008

Tren

Y entonces íbamos en el tren dirección Matlock. A mi diestra un caballero de película de Tarantino: cabellos con gomina, botas tejanas, camisa de cuadros embutida en los pantalones, gafas oscuras y grandes anillos; hablando por teléfono con confianza. Al frente una mujer con un libro; alza la cabeza y ve esos enormes monumentos que desvelan las centrales nucleares. Por un instante solo se oye el andar del ferrocarril.

miércoles, noviembre 05, 2008

Va de zombis

La realidad, o lo que ocurre verdaderamente, no es verdadero. A ver, ¿Cómo me aclaro? Cada entidad llamada ser humano, se forma en su asombroso y pequeño seso, la idea de la realidad. Esa realidad es independiente de la de los demás, no hay realidad compartida. Ah! no, espera, que si, que si que la hay: Cuando el ser delega el control de la realidad a otros entes externos, entrega los controles, los mandos de su propia libertad, allí, en ese escenario, suelen presentarse realidades compartidades, comunes, y normalmente abyectas.

A esos seres se les llama zombis. y, creanme, los zombis viven y se reproducen entre nosotros, por doquier y en cantidades ingentes. Entre mas somos en este planeta (vamos para los 7 mil millones) mas zombis se crean (y hay mas que arrastran a los otros), y, simúltaneamente, mas se depuran esas entidades que, cordialmente, gratuitamente, aceptan los timones mentales de la gente dormida.

viernes, febrero 08, 2008

Dimensiones

A veces me asombro cuando descubro nuevas dimensiones de objetos que creía conocidos. Colores, olores, formas que me resultan extrañas, serA simplemente por la rutina la falta de interés, quien sabe..

Esa barrica azul que veía todos los días y que ahora es realmente azul, no un simple objeto que pierde su sentido por el uso pueril que recibe. Las flores que parecen de plástico que instala el jardinero en el parque y que tienen formas mas perfectas que las descritas en las mejores poesias. Esa canción que alegra con colores las mañanas dolorosas. La sonrisa que hace que el vagón de metro crezca en espacio cuando en realidad no le cabe ni un alma. La comodidad de la silla de siempre cuando no tienes prisa de levantarte. Esa perpleja complejidad de la ciudad que funciona aunque no funcione. El sinsentido de la gente andando como hormigas siguiendo el rastro del grupo, rastro que se puede percibir y que huele a aire viciado, rancio.

Imposible evitar extrapolar a las personas, a algunas situaciones. Ese personaje que toca son su flauta todos los días con unas ganas tremendas de decir algo, no es realmente un personaje mas del callejón por donde coincido a diario. El comprador de lotería que descarga una verborrea acumulada cuando escucha palabras cordialesa a manera de detonador. Las sonrisas pagadas del vendedor de la tienda de zapatos...



Imagen: Sin titulo. Autor: yo mismo. Oleo sobre acrílico.

miércoles, febrero 06, 2008

Día


Ayer, cuando desperté, pensé que era sábado. Era un martes miserable, simplemente el día 12050 de mi vida.


Imagen: Max Ernst, Ubu Imperator

sábado, diciembre 08, 2007

Consistencia


... y entonces me acerqué a él, y le pregunté, Oye, loco, ¿Quién eras? y me contestó sin demora:

Nos importa como se nos ve. Nuestro rol dentro de nuestro entorno. Somos un conjunto de pensamiento y acciones y queremos seguir siéndolo. Sabemos cómo nos ven los demás. y jugamos a mantener esa imagen, la unicidad, lo que creemos que nos hace diferentes.

Es un juego que desgasta. Tratamos de ser consistentes con lo que decimos y hacemos, para seguir proyectando la misma imagen ante los demás.

La imagen que los demás nos imponen y que nosotros aceptamos como regalo en piñata y que defendemos con los dientes si es necesario.

Mientras el tiempo pasa, nosotros cambiamos pero jugamos a ser siempre los mismos. Mientras el tiempo pasa...pasa...


y volvió a su universo, a su autismo callejero.

sábado, noviembre 24, 2007

Miopía

Si yo fuera alguien y en unas decenas de años, decidieran investigar como nació y quien apoyó la nueva gran religión, sería uno de los billones de culpables. Soy un engranaje de la nueva farsa del futuro, que no vemos por estar dentro de ella. Típica miopía por desinterés y por falta de perspectiva.



Fotograma tomado de la grandiosa Naqoyqatsi (hace minutos en esta misma tarde londinense, oscura y húmeda)

sábado, noviembre 17, 2007

Euforia

Se siente un profundo desasosiego al ver a la humanidad tratando de confiar toda su vida a las máquinas, toda la información que creamos, termina yendo a los ordenadores que, con un simple clic, explican tu vida, tus costumbres, tu entorno a cualquier ojo. Con el tiempo, cualquier persona podrá ser juzgada antes de conocerla, antes de poder tener la opción de presentarse como somos, seres impredecibles, que en un momento pensamos algo y al siguiente lo contrario.

Nosotros mismos nos encargamos de reducirnos a una simple estadística, a un simple perfil fácilmente clasificable en patrones. Hasta hace poco, los estados y grandes empresas tenían acceso a esa información, hoy no solo ellos, todo el mundo (al menos el desarrollado) puede saber sobre ti sin ni siquiera haber hablado contigo. Lo que vistes, tus hábitos, tus necesidades, tu entorno, tu círculo de amigos, incluso tus frustaciones, cambios tu ánimo, esperanzas, planes... todo a golpe de clic.

Imagínense una sociedad distópica en donde sus propios habitantes se encargan de proveer la información, de mostrarse como radiografías, para ser clasificados, calificados, rechazados, aceptados, juzgados. Hemos avanzado tanto que ni siquiera es necesario crear leyes u obligar a los ciudadanos a registrarse y compartir información: ellos mismos lo hacen y con gusto ¡vaya! Como en el mundo Feliz de Huxley, hoy nos sentimos felices y plenos compartiendo información. Recibimos vacuas y sobre todo, falsas gratificaciones al hacerlo. En la novela de Huxley, los protagonistas no juzgan el hecho de pertenecer a una u otra clase, no se preguntan porque hacen lo que hacen, solo lo hacen porque reciben (y están acostumbrados a recibir) gratificación al hacerlo.

Que grandioso era el ser humano con sus parcelas de intimidad, con esa esperanza de no saber que cosa te podría deparar al relacionarse, que delicia era descubrir que alguien tenia cosas interesantes que contar, intereses profundamente personales que compartir con un café o formas de pensar para jamas compartir, mejor dicho cualquier cosa: individualidad.

Hoy somos felices descubriendo a los demás como radiografías, para inconscientemente copiar sus comportamientos, acciones, vicios, esperanzas. Es bastante paradójico que en la sociedad que se dice la mas libre que ha existido (vaya ironía!) la gente esta terminando motu proprio siendo iguales unos a otros. Comportándose de la misma forma, compartiendo los mismos pensamientos, deseando lo mismo, desear, desear... y compartir nuestra información, como el soma de Huxley, nos llena el espíritu.

La gran paradoja de estos tiempos es que tenemos por fin el poder para ser completamente iguales !Euforia!. Finalmente, ¿Qué esperamos si somos maquinas de copiar!?

domingo, noviembre 11, 2007


Sólo los espíritus agrietados poseen aberturas sobre el más allá.

Cioran

viernes, septiembre 28, 2007

Súplicas


Hay gente que anda por ahí suplicando todo el tiempo para que los otros confirmen que su vida no es banal, que tiene sentido y que todas las decisiones que han tomado son acertadas por el bien de la aciaga competición que es el vivir.

jueves, septiembre 20, 2007

El miedo


Estaba pensando el otro día en escribir una entrada acerca del miedo. Del miedo como motor y combustible principal de muchas de nuestras emociones.

Probablemente, uno de los mas grandes logros de una mente iluminada es negar consistentemente el miedo como causa, como motivo principal, como leitmotiv. A ese miedo hay que desterrarlo de los pensamientos, arrinconarlo en la habitación de sentimientos a evitar.

En nuestro accionar autómata, no pensamos; vivimos y hacemos cosas todo el tiempo por el miedo de que ocurra la tragedia, lo indeseado; y eso, visto así, hablando en plata, es un chantaje, de los demás, o de nuestra misma mente. Y bajo chantaje, señores y señoras, no se puede vivir.

Esculquen, busquen, cuales son las acciones, pensamientos, actividades, palabras, comportamientos, que tenemos, decimos, hacemos, y pensamos, y que están basados puramente en el miedo, por evitar una posible consecuencia, desastrosa por supuesto. Consecuencias que por lo general están sobre dimensionadas.

?A qué tienes miedo?

jueves, agosto 30, 2007

Extraña e Intima satisfacción


Calló, sofocada por la tos, pero sus invectivas surtieron efecto. Los demás huéspedes le tenían evidentemente algo de miedo porque, uno tras otro, se replegaron apretujándose en la puerta con esa extraña e Intima satisfacción que se observa, incluso en los más allegados, ante una súbita desgracia ocurrida a un prójimo, sensación a la que no escapa ni una sola persona, sin excepción, aun a despecho de que experimente la lástima y la compasión mas sinceras


Diostoievski, Crimen y castigo

jueves, agosto 23, 2007

El arte de ser feliz



Tiempo sin pasarme por aquí. No he abandonado el blog como podríais pensar. Un familiar muerto, algunos viajes, mucho trabajo, algo de estrés, ... todo eso ha pasado mientras esta bitácora se llena(ba) de telas de araña.

Schopenhauer. Si, ando de nuevo revisitando al personaje. Resulta que han publicado una especie de compendio de pensamientos, de guía para intentar vivir feliz. ¿Quién lo hubiera pensado? el mismísimo Schopi, el rey del pesimismo. A primera vista parece inconsistente, pero resulta que son 50 reglas/anotaciones/sugerencias para sortear mejor el sin sentido de la vida, los malos ratos (y el tiempo que les dedicamos), la fatalidad (a la cual nos tiene condenado el azar), la dualidad futuro/presente, la imposibilidad de alcanzar la felicidad (pero la posibilidad de atenuar el sufrimiento); es decir, totalmente consistente con sus viejas conocidas ideas.

Entre otras cosas, opina que una vida feliz es aquella que, a pesar de todo, sigue siendo mejor que la no existencia.

¿Es tu caso?

jueves, mayo 31, 2007

Ermitaños


El cangrejo ermitaño es completamente vulnerable sin su concha, la concha de caracol. Gracias a la muerte del Caracol, el cangrejo ermitaño encuentra casas vacias, lugares donde meter y proteger la parte blanda y mas vulnerable de su cuerpo. Cuando encuentra una casa vacia, se apodera de ella luchando a muerte, si es necesario, para luego mudarse rápidamente. Una vez dentro expone sus grandes y duras tenazas para mantener a otros cangrejos fuera de su pequeño nicho.

El ser humano se considera completamente vulnerable sin modelos que seguir, sin guías que le eviten la molestia de pensar, de decidir por si mismos. Como el Cangrejo Ermitaño, es incapaz de construir una casa por si mismo: depende completamente de esas estúpidas, por asumidas, reglas gregarias y heredadas que nos inoculan durante toda nuestra vida. No creamos nuestro propio modelo, seguimos patrones (y a los patrones). Quemamos el tiempo de nuestra vida buscando una nueva casa ajena a la cual mudarnos. Somos tan soberbios que nos burlamos de las antiguas casas, como si hubieramos sido capaces de romper el ciclo, de liberarnos de ese sino triste.

Como el Cangrejo Ermitaño actuamos con disposición asesina para defender nuestra casa, nuestros modelos, nuestro modelo de vida, siempre erróneamente confirmado por el entorno.

... Y la vida se desvanece mientras migramos una y otra vez sin poder siquiera ser conscientes de su futilidad.

jueves, abril 05, 2007

Un día cualquiera


Mientras venía caminando hacia mi casa vi la escena. Una mujer de unos treinta y tantos, rubia, sentada en el borde de una parada de autobuses. Mirando hacia afuera, buscando señales del bus con la mirada medio perdida. Una botella de cerveza en una mano, (y algún reguero en el suelo), mostrando una incipiente barriga. Su hijo, de unos once años, a su diestra, jugando con un coche imaginario en el resto de la angosta y roja banca que suelen tener esas paradas. Una escena tétrica. Paso de largo sin dejar de pensar en la situación y tratando de buscar pistas, de confirmar si es su madre y si esta borracha, y sobre todo, explicar la indiferencia del hijo, como si fuera un día mas, como hubiera tenido que salir de casa y tomar un autobús hasta el pub donde su madre suele atiborrarse de alcohol. Tres metros mas allá me detengo, doy la vuelta y observo valiente. Viene el bus, ella se pone de pié y tambalea. Si, está borracha. Dentro del bus da un paso hacia atrás confirmando aun mas la borrachera. El niño, indiferente, la espera sentado al fondo el autobús.

sábado, febrero 24, 2007

Yo, Commuter


Un, dos, tres... despertador, despertar, esperar a que el corazón aumente su frecuencia de forma gradual, levantar! Un, dos, tres... desayuno.. un, dos, tres, bañarse, un, dos, tres, a caminar con paso rápido a la parada de autobuses, un, dos, tres, al bus, esperar, un, dos, tres, el buenos días en el trabajo, un, dos, tres, en el ordenador horas y horas, un, dos, tres, estrés, un, dos, tres, corta caminata de mediodía, un, dos, tres, mas trabajo, un, dos, tres, humano derretido.


Así han sido mis días últimamente. De esos que caen muy cerca de la categoría de lamentables pero que se salvan por algunos pequeños detalles como la buena música que permite perderse en la bahía de Nagasaki odiando Pinkerton mientras voy en el autobus, con los demás commuters, o disfrutar de un Tchaivoksy que ralentiza todo el agite de la ciudad, o los conciertos de piano de Rachmaminov que resuenan y vibran mas que el autobus de dos pisos, o el Papageno de Mozart burlándose de la carrera de ratas mientras canta su nombre como si de una gallina se tratara.

martes, enero 16, 2007

Homo Consumens

Por aquí de nuevo. A pesar de andar ocupado, en la carrera sin sentido en la que se convierte la vida con demasiada frecuencia.

Hace poco se publicaba en The Economist, un artículo hablando sobre la felicidad. ¿Están, las empresas, o el capitalismo (de “libre” mercado) llevando felicidad a la gente? Vaya pregunta, tiene cojones, que la felicidad tenga que venir procesada, empacada, y vendida. Pero resulta que… así es! Hace pocos días, también, se reveló el nuevo producto de la empresa (que a veces la gente se olvida de que es una empresa) Apple, llamado el iPhone. Hubo páginas web que narraban el acontecimiento (la presentación, delante de un grupo de admiradores, que no digo consumidores) como si se tratara de un partido de fútbol del mundial o una secta milagrosa. La gente sigue la presentación para ver “como una empresa va a cambiar la forma en la que usamos un producto o un servicio” y en el proceso, se sienten mejor!.

La capacidad de decisión humana ya no está en manos de lo hombres, se controla desde despachos empresariales con documentos y estudios de focus groups invirtiendo millones y millones ajustando la maquinaria sicológica (el producto como tal importa muy poco en proporción). En este contexto, se empieza a entender que la gente se sienta feliz comprando un producto.

Se han derramado chorros de tinta (o de bits) sobre el Homo Consumens, pero nunca será suficiente para explicar la locura a la que nos enfrentamos hoy por hoy: la gente se siente feliz comprando, se siente libre decidiendo qué comprar, las empresas disfrazan productos y servicios con cualquier vestido que encuentren (incluso rebeldía, anarquismo, anti-capitalismo!); lo importante es vender mas (cualquier cosa se puede vender incluso abrazos).

El ser humano siempre tiene que estar ocupando su tiempo, su seso, en resolver problemas aunque sean simples. Cada día el Homo Consumens en el primer mundo, está ocupado comprando algo o decidiendo qué compra: desde una casa a un ordenador, una aspiradora, un tapete, y sobre todo electrónica (¿Cómo pudimos vivir antes sin iPods, cámaras digitales y televisores planos?). El resto de mundo se afila los dientes en la cola del progreso, que no avanza prácticamente nada dicho sea de paso.

El prurito de consumo ocupa demasiado tiempo del seso de la gente. Mientras tanto
unos pocos, muy pocos, ríen con sonrisas fabricadas y sentados en mesas metálicas blancas cerca del campo de golf, comentando entre güisqui y güisqui el espectáculo que ayudan a generar sin el menor pudor.

PS: Leo que una mujer ha muerto por aguantar orina en un concurso radial. Todo por esperar la última consola de video juegos

lunes, septiembre 25, 2006

El Manual

A veces imagino esa cadena de producción humana de Un Mundo Feliz. A veces imagino que existen, que son muchas, que están por todo el planeta y que usan distintos métodos para generar varias clases de humanos según la necesidad. No físicamente, sino intelectualmente. Al final de la cadena unos funcionarios vestidos de blanco ponen los manuales de vida en las cunas de los bebés. Es EL manual que debe seguir durante su vida. Que pensar, que hacer en aquella y esta otra situación, en que seres imaginarios creer, contra que luchar, que genera placer, que no... todo. Instrucciones para no tener que preocuparse en seguir caminos desconocidos, altamente riesgosos, o aún peor, mortales. Algunos pocos rompen el manual en cuanto descubren la farsa y miran con estupefacción al resto. Ese resto que sigue las instrucciones estrictamente, esperando algo interesante en los últimos capítulos, en la últimas páginas, sin saber que no hay nada, absolutamente nada.

Y luego me confundo y no se qué es real y qué es pura imaginación.

viernes, septiembre 15, 2006

De Pelos

Yo también tengo amigos imaginarios. Si, como casi todo el planeta, que piensa, rompe, asesina, trabaja, baja, besa, come, se reproduce, calla, enamora y engaña, mientras siente que es observado por al menos un ser imaginario (¡vaya un voyeur!). Yo no podría actuar distinto, por supuesto. Los míos no están allí todo el tiempo, poniendo o quitando cáscaras de banano por donde voy sino haciendo sus cosas como todo el mundo.

Por ejemplo, está Joaquín, que no tiene que trabajar y dedica seis meses de su vida a viajar por donde le da la gana y otros seis meses preparando el siguiente viaje. Joaquín, tiene el vicio (tengo que llamarlo vicio) de ir al barbero por donde quiera que va. Yo siempre le digo que es la razón por la que se tarda tanto en cada sitio: esperando que le crezca el pelo un poco. Porque si algo hay que decir de Joaquín, es que es muy respetuoso con la gente y no va a andar por ahí, pidiendo cortes de pelo sin necesidad.

Tiene mil y una historias que contar y solo escuchándole hablar de los barberos, se puede, uno, estar horas y horas. Cómo olvidarse el barbero risueño de El Cairo, que tardó mas de dos horas en terminar. El de Estambul que no paraba de hablar de su hijo médico. Del barbero, en Sevilla, que en el verano no solo corta el pelo sino que hace la afeitada perfecta (dice que el calor abre los poros). El peluquero en Ulán Bator que usa dientes pulidos de camello para arrancar el pelo sin dolor mientras duerme al paciente hablando ese dulce idioma que hablan por allí. La peluquería con masaje de pies y manos simultáneo en Costa Rica. Ha puesto su cabeza a disposición de peluqueros filósofos, dentistas, chamanes, políticos frustrados, bomberos, y hasta un taxidermista. Todo el mundo sabe cortar el pelo, dice.

Joaquín, como muchos calvos, siempre anhela tener mas y mas pelo. Yo siempre le digo que no tiene que buscar explicaciones absurdas para sus viajes, pero me dice que no es eso, que son maneras, métodos de relacionarse con las comunidades locales para poder empezar el viaje de verdad.

Así que si ven a un calvo por allí, hablando con acento extraño y mostrando sumo interés por charlar, llámenlo Joaquín, igual estámos de suerte y estamos sincronizados, pensando en lo mismo.

martes, septiembre 12, 2006

Distopías

La mayoría de las llamadas distopías de ciertos libros (cine, teatro, óperas), nos generan cierto asombro, que por lejanas e irrealizables, es temporal. Dura mientras se lee el libro o se acaba el espectáculo. Pero ¿Por qué nos embelesan tales historias como magos a un niño? ¿Será porque representan mundos lejanos o difícilmente realizables a corto plazo pero nos acongojan igual?

Generalmente esas historias muestran implícitamente la versión normal de la sociedad para poder compararla con la otra, la distópica. Un puro truco comparativo pero útil.

Esas comparaciones se me antojan erróneas en muchos de los casos, porque ubican al receptor de la idea lejos de la sociedad distópica y cerca de la normal. Exactamente el mismo efecto cuando toda la sala del cine se siente muy cerca del héroe y odia al villano en la película de turno.

Pero, si miramos con detenimiento, la nuestra, la sociedad actual, se parece mas a la sociedad que no deseamos, a la que se usa como metáfora para transmitir la idea, la hipotética sociedad indeseable; que a la otra, la supuesta normal o deseable.

Miren ustedes esas sociedades cercanas con las que intentan mostrarnos, por efecto comparativo del blanco sobre el negro, el problema, el temor de que la sociedad ideal (y actual) se transforme en esa que todos quisiéramos evadir. Mírenlas y háganse ustedes preguntas como:

¿Qué tienen esas sociedades extravagantes que no tenga la nuestra?
¿Se parecen las sociedades positivas, ideales y/o deseables, y la actual?

La primera pregunta se respondería en la mayoría de los casos con casi todo y la segunda con casi nada.

Es como si usáramos un telescopio al revés.


PS: Perdonen el uso reiterativo de la odiada palabra normal (tema a tratar un día de estos)

martes, septiembre 05, 2006

Uniformados (I)



Desde el principio del todo han aparecido fuerzas homogenizadoras subrepticias. Energías potentes que como bisturí, separan las malas manzanas de las buenas, uniformizando, adocenando conciencias. Las arrugas no están permitidas. Si en algo estamos de acuerdo en estos tiempos alienantes, es que no nos gusta la diferencia, lo realmente diferente porque actuamos contra ella, todo el tiempo. Vil mundo el que nos tocó que presume de individualismo y diferenciación siendo el menos individualista y menos diferenciador que pudo haber existido.

Modernidad, futuro, progreso, promesas de paraísos aquí o en el mas allá; eso es lo que compramos con la moneda mas cara que existe: nuestra vida, nuestro tiempo, aquí en el mas acá. De eso vivimos, es nuestra gasolina diaria, lo que nos hace querer salir día tras día de nuestra pequeña liberación que es el dormir. Esa es nuestra falsa llama de vida. Yo sueño con levantar mi vela al viento para que él lo apague por mi.

Peor que no ser libre es creerse libre falsamente.