Sátiro
Me subo al taxi, le doy la dirección y empieza su discurso. "No sabes lo que me ha pasado hace un momento, macho!". "¿Qué cosa?", digo. El taxista empieza a contarme que llevó a un hombre hace unas horas, con el que después de ver una pareja follando en un coche cercano y de ver unas revistas pornográficas, se dedican al onanismo grupal y todo producto de una casualidad digna de película mala. Luego me habla de otro "servicio" que hizo con un personaje que se ofreció para hacerle una felación y él, como podrán suponer, dijo que sí.
Finalmente, y al llegar a mi calle y cerca del portal de mi casa, dice: "por eso, por aquí estamos a la orden". "No, más allá, el otro portal", le digo. Y me bajo en un portal cercano al mio. Le pago soltando las monedas desde varios centímetros de sus manos y me bajo haciendo el paripé de estar buscando las llaves. Con el rabillo del ojo veo que ha dado la vuelta en el taxi y me apresuro a subir a mi casa.
Al llegar a casa hago el inventario de lo que ha sucedido. La luz la encendió porque me vio, sí que estaba de "servicio" (y no lo que me dijo que justo iba a rescatar a un amigo varado), el golpe que le dio un borracho al cristal del taxi hizo que supiera lo peligroso que era este taxista (porque gracias a mi, según él, no había parado y no se había bajado a romperle las costillas al desconocido con la "varilla que tengo debajo del asiento" ).
Es inevitable pensar (y de hecho la recordaba el mismo día) en la película Blue Velvet de David Lynch. El mundo tiene muchos ángulos, muchas cosas pasan de las que no nos damos cuenta o que tendemos a olvidar que están allí. Para explicar de una forma maniqueísta, existen dos mundos, uno de maldad, y otro superficial. Existen puertas para ir de un lado a otro y ayer yo abrí una, la del taxi. Vi y pude salir (sin riesgos para mi integridad física). Una explicación mas real, es que el mundo es uno y todo lo que te puedas imaginar pasa. Todo.
