domingo, marzo 19, 2006

lunes, marzo 13, 2006

Relaciones, nexos, enredos


Me encanta cuando descubro enlaces entre ideas, cuando soy yo mismo el que las conecta, en mi mente egoísta y enferma. La mayoría resultarían estúpidas desde fuera (!vaya si lo reconozco!), pero a mi se me antoja delicioso saber la relación entre el color de una mariposa en un bosque periférico japonés y el patrón que forman las luces de una bicicleta en una calle en una noche sin luna. Esas pequeñas chispas, esos destellos abren mi curiosidad y, hoy, creo, es una de las pocas razones para vivir. Aunque nunca sepas cuando vendrá la próxima y si sabrá a la torta de antología que me comí hoy en la Tate Gallery después de ver la exposición del movimiento Bauhaus, en el últmo piso del edificio viendo el Támesis y con agradable compañía; O si tendrá la textura, el sabor del ácido que dejan las hormigas al caminar en un árbol amazónico.

Un barra vertical de un cuadro de Kandinsky puede traerme a la mente esa torre misteriosa de aquél pueblo Macondiano en el que viví y que todavía intento salvar de mi eficiente trituradora de recuerdos. Una figura imposible de Josef Albers que te revuelve el estómago y que convence al cuerpo para que ruegue dejar de ver; y la mente masoquista insiste mientras prepara una nueva visita al Tate Britain para ver aquél cuadro de Francis Bacon que produce la misma sensación insana.

Afuera, en el mundo que la gente llama real, siguen la maraña de relaciones personales, mas enredadas que nunca y que miro desde fuera a pesar de que el hilo me pertenezca. Las miro y me río y me burlo y adivino cómo enredarlas mas y las señalo con el indice mientras la otra mano sostiene mi estomago por la risa que me producen. La risa se transforma en risa nerviosa y mis ojos se tornan rojizos y ahora todo no es tan agradable.

Idea: Es un privilegio preocuparse solo por el próximo día. Planificar, proyectar, administrar el tiempo en unidades pequeñas.

miércoles, febrero 22, 2006

Engranajes

Escribir es un privilegio comparado con lo que hace la mayoría de la gente, que viven como partes o piezas de una máquina, dedicados a mantener el motor de la sociedad girando sin sentido

Blaise Cendrars

jueves, febrero 16, 2006

Autómatas finitos (o Desmontando memes I)

Soldados Colombianos "trabajando" por la patria

Hace algunos días vino a mi mente una melodía siniestra. Se sabe que no controlamos lo que pensamos, a veces la mente va a su ritmo, pero a pesar de eso no deja de sorprender que nos asuste de repente con ideas grabadas con fuego en la niñez. Me he dado cuenta que gran parte del tiempo que gasta mi mente, tiempo diríamos ocioso, lo hace desmontando malos memes, malas ideas, como dirían, malos programas insertados en la cadena de montaje educativa y social en la que me crié. Me siento como un feto que ha recibido estímulos químicos en una de esas probetas de Un mundo feliz.

La melodía que recordé es:

Salud adorada bandera que un día
batiendo tus pliegues allá en Boyacá,
sellaste por siempre la lucha bravía
de un pueblo que ansiaba tener libertad.
Oh santa bandera nosotros te amamos
porque eres patria, la vida, el honor,
por tí moriremos felices gritando
que viva el sublime pendón tricolor.
En paz te ofrecemos de olivos mil ramos
del Ande las flores en gran profusión,
y en torno a su escudo felices cantamos
los himnos más puros que da el corazón.

Ustedes perdonen por recordar tal juramento. Siempre tenemos que aferrarnos a algo: seres imaginarios que nos prometen paraísos, banderas que nos dan apariencia de seguridad, de promesas de volver al huevo primigenio, como diría Estanislao Zuleta; Sentimientos grupales que nos dan identidad, que nos dicen quienes somos porque ni siquiera somos capaces de definirnos nosotros mismos, necesitamos que otros lo hagan por nosotros. Yo soy las causas que defiendo y el amor que pongo en ellas.

Lo mas terrible es que algunos terminan muriendo por un pedazo de bandera, como si no hubiera mejores razones.

La libertad, la democracia, las banderas, los colores... mil razones que pueden usarse para convencer a alguien para que dispare, para que no solo entregue su vida por la causa sino que mate a otros mamíferos por ello. Eso si, mientras tanto el que ordena, quita y pone está en su escritorio con sus zapatos italianos y un puro que serviría para alimentar una semana a una familia pobre.

Patria, vida, honor, palabras que a veces se venden como sinónimos. Gente abyecta. Ustedes perdonen.

Vértigo


Escuchando Mogwai. Es la perfecta banda sonora para lo que siento. Siento que mi vida va a demasiada velocidad y yo la miro a mi ritmo, a mi velocidad de metabolismo desde lejos, como ajena. La cosas pasan tan rápidamente que no se pueden digerir, si es que realmente se pudiera. A veces busco a mi diestra algún botón rojo para detener la cinta de la vida pero no lo encuentro. Sin embargo, en ocasiones parece ralentizarse y me siento en un pasillo de supermercado probando unos canapés de atún. Asquerosos pero irresistibles por no tener mas opción. En cuanto los pruebo e intento irme zonas mas interesantes, la vida se da cuenta de su descuido y todo vuelve a la velocidad insana, al vértigo. Todo vuelve a ser veloz, la gente corriendo por Oxford Street para llegar a encender la tele rápidamente y ver algún programa morboso (o realities como le llaman ahora). Cada uno con sus audífonos escuchando su propia banda sonora. La gente en las oficinas moviendo sus dedos encima de botones alineados, sin parar, como huyendo de su realidad por necesidad. El viejo que corre al autobús y la puerta que se cierra justo a su espalda. La ambulancia que pasa contaminando con sus luces el campo visual aún mas, si cabe.

Hoy hubo otro momento de pausa en esta cinta transportadora. Me encontré a punto de una depresión suprema cuando me di cuenta que estaba esperando que nos dejaran entrar al metro, cien personas, junto a las maquinas registradoras, con nuestros carnets pidiendo servicio. Ovejas esperando su alimento, su destino, con prurito de movimiento y sin poder moverse, como peces alienados que golpean los cristales de su pecera una y otra vez.

Incluso el clima va rápido, hoy hizo sol, llovió granizo, llovió, volvió a hacer sol, hizo frío, esta mañana fue gris y ahora esta igual que todos los días.

¿Dónde esta el botón?

jueves, enero 26, 2006

Paraísos modernos


Sal de la Galería Nacional (después de ver el enigmático cráneo oblongo y diagonal del cuadro Los Embajadores) por la puerta principal y voltea a tu izquierda. Luego camina unos cien metros y pasas la calle; encontrarás la iglesia St-Martin-In-The-Fields (en la foto). La cripta de la iglesia está ahora convertida en un agradable café restaurante donde puedes escuchar música clásica popular todos los días (Las cuatro estaciones de Vivaldi suena entre las 3 pm y 5 pm). Tómate un chocolate caliente y sal por la puerta lateral, sigue caminando como quién va a Charing Cross y en la calle peatonal a tu izquierda podrás encontrar un monumento dedicado a Oscar Wilde que tiene grabada una de sus frases:
We are all in the gutter, but some of us are looking at the stars.

Todos estamos en la cuneta pero algunos miramos las estrellas


Léela y compara lo que sientes, lo que piensas, lo que sientes, con lo que ves mas allá, en la calle perpendicular: los ejecutivos londinenses encorbatados corriendo, afanados, por llegar a algún lado mientras la vida pasa... comiendo sandwiches* hoy para tener caviar mañana... mientras acumulan para gastar en la otra vida. Esa vida después de la jubilación o justo al día siguiente de volverse milioner. El paraíso prometido de los tiempos modernos: el futuro. Los cimientos de todo el edificio construido para saciar deseos ajenos, artificiales, implantados tras años y años de adoctrinamiento televisivo, publicitario, familiar, social.

* No deja de ser curioso que la palabra provenga del conde de Sandwich quien se alimentó únicamente de esa clase de comida para no abandonar una partida de cartas.

lunes, enero 23, 2006

5 extraños hábitos tuyos


Ara me ha pasado la patata caliente del meme de "las cinco manías". Es uno de esos memes que tiene las características para convertirse en epidemia: queremos leer ese tipo de cosas de los demás y queremos pensar/publicar las nuestras, es fácil de replicar, es fácil de explicar, queremos replicarlo.

Bueno, ha sido difícil pero aquí voy:

  • Orejas frías. No soporto cuando las orejas se calientan. Me entra un desespero indescriptible. Sea invierno, verano, en cualquier época, si las orejas se calientan tengo que ir a un lavabo y mojarlas.
  • Movimiento enfermizo de las piernas. Con bastante frecuencia tiendo a mover mis extremidades inferiores a bastantes revoluciones por minuto. Hace poco leí que hay una enfermedad con el nombre Síndrome de las piernas inquietas . No creo que llegue a tanto, pero si me han dicho con cierta frecuencia que pare mi máquina de coser.
  • Calzoncillos blancos. Solo uso calzoncillos blancos. No soporto otro color. Será un problema neurológico, no lo sé.
  • Prejuicio en la lectura. Tengo la manía de juzgar a la gente por lo que lee. Es la única que he intentado quitarme pero sin éxito. A veces parece convertirse en vicio.
  • Mas de treinta cuarenta ventanas en el navegador. Alguna vez me puse a contar las ventanas que tengo simultáneamente en el navegador: aproximadamente treinta. Es que voy dejando temas pendientes por ver cada vez (para los interesados hay una extensión de firefox para que recuerde las pestañas y ventanas abiertas una vez hayas cerrado el firefox o apagado el ordenador)
  • Sobre la muerte. Todos los días pienso al menos una vez en la muerte. No es exactamente una tarea de obligado cumplimiento, pero siempre ocurre, al menos una vez. Esto merece una bitácora entera para ser explicado. Bueno, en parte esta bitácora intenta explicarlo.
¿Eran cinco?

lunes, enero 09, 2006

Susto en Bricklane


Ayer estuve en el mercadillo de Bricklane. Me gustó. Es el típico “mercado de las pulgas” donde consigues desde una cuerda especial para aquella lámpara que tienes el desván hasta frutas a buen precio. De hecho fui con el plan de ver y terminé comprando algunas cosas. Mientras me comía un bagel, paseé por todas la calles, por cada tienda, cada escaparate. Vi relojes despertadores a “uan paund” (con polca como música matutina), cremas para la cara a cuatro libras, cuencos de frutas a una libra (no quiero hacer cálculos pero creo que las frutas son mas baratas que algunos mercados en los mismísimos países tropicales de donde provienen: ¿qué tendrán?). Móviles, móviles y móviles. Millones, usados. Había gente vendiendo teclados de ordenador viejos mientras se mojaban en la lluvia. Libros y revistas sin relación, licuadoras, pantallas de ordenador. Todo perdiéndose por la lluvia.

Estaba en ello, divagando, como cosa rara, cuando mi corazón entero casi sale por la boca por un estruendo: de repente escuché una explosión en una de las tiendas del mercadillo, una que esta aislada del resto. Era un sitio de reparación de bicicletas, de estos típicos con tejas grises onduladas. “Ruf-son-faia!!”, gritaba un tipo. Mientras mi mente desconectaba esta explosión con la de los atentados del año pasado, me di cuenta que era un transformador eléctrico que había hecho explosión. Tamaño susto.

Es curioso, pero donde vivo, y con mi mente infectada con cientos de estereotipos, signos y señales que me hacen relacionar con simpleza atroz algunas ideas con otras, percibo constantemente mensajes que uno tradicionalmente solo ve en la tendenciosa televisión, o en los periódicos. Veo mujeres totalmente cubiertas con telas negras, solo mostrando sus ojos. Señores con grandes barbas negras e hirsutas y con chilabas (¡en pleno invierno londinense!), música, llamadas a la oración de la tarde (un poco mas lejos cerca a Whitechapel), restaurantes bengalíes, alfabetos inexpugnables en algunos anuncios.

Con este panorama: ¿Cómo es posible dejar de relacionar inconscientemente esta pequeña explosión con un atentado? Gracias televisión, gracias prensa, gracias prejuicios.

sábado, enero 07, 2006

Falsedades de Perogrullo


Llevo exactamente dos semanas, diez días, escuchando una y otra vez la pregunta ¿El cielo esta despejado?. El estudiante de Inglés de turno, mira por la ventana y ve la gran nube que parece cubrir todo el archipiélago. Luego vienen las bromas sobre el carácter casi permanente de esa gran nube gris sobre Londres. Posteriormente todos muestran un sentimiento de resignación.

La pregunta tiene el rango de verdad absoluta. Como “¿de qué forma es el reloj de la pared?”, “¿Estás sentado en una esquina?” y otras perogrulladas útiles solo en clases de idiomas.

Vivir en sociedad significa, entre muchas otras cosas, que estas, supuestamente, de acuerdo con ciertas cosas. Que hay convenios que respetas “porque sí”. ¿Quien dice que el ambiente grisáceo Londinense es negativo? ¿y si existe alguien a quien le gusta que el sol salga solo una tercera parte de los días del año?

miércoles, enero 04, 2006

Tengo vivienda II (notas)

De la búsqueda de habitación me quedan muchas imágenes si no impactantes bastantes curiosas. Recuerdo el piso de los coreanos, en el que tuve que quitarme los zapatos y ponerme unas "chanclas de invitado" de tres tallas menos, otro de asiáticos que estaba supremamente desordenado. Cómo olvidar el piso de las thailandesas que me recibieron con una gran sonrisa en la entrada. También me recibió un olor muy fuerte a comida thailandesa (que me gusta pero no impregnada en las cosas del día a día: muebles, moqueta, etcétera). Recuerdo el piso de un ejecutivo soltero de una zona empresarial de London: Canary Wharf. Grandes rascacielos y gente en corbata oscura y caminando de prisa con sus grandes vasos desechables de café de la cadena mas cercana. Y sus estaciones de metro: las mas amplias, iluminadas y modernas que vi, después de recorrer GRAN parte del metro de Londres. Era un piso de soltero en la cocina miles de tetrabricks de jugo de naranja y tenía pinta de que cocina menos que yo. "¿La lavadora también es secadora?", le pregunto. Me dice: "no lo se, creo que si, nunca la he usado".

Recuerdo también, esa otra habitación que me enseñaron que tenía dentro todavía a una chica francesa recién levantada y con pinta de resaca. A veces pregunté "¿cuánta gente vive aquí?". Algunas veces recibía un: "en el momento 10 personas... en total". otras: "en esta habitación una pareja de japoneses que viven aquí hace 12 años, en esta otra una de Indios, y en la de más allá vive un polaco". Una vez, en un teléfono me contesto un señor, diciendo que no quería perder el tiempo y que si quería ver la habitación en plan serio. Me recogió en coche en la estación y, yo, con mi tradicional pesimismo y visión de peligro en cada cosa, tuve que pensar mil veces si subirme o no.
Finalmente me enseñaron una prisión perfecta: con su sanitario, espejo, sin luz natural, en el bajo de la típica casa victoriana, sanitario compartido con 2? 12? 20? personas, y calefacción, todo incluido por módicas 120 libras a la semana, 1 mes de depósito, y una semana que se la queda la agencia por el favor; y sobre todo, garantizado que no hablaras con ningún humano. Hubo una oferta de dos australianas de diecinueve años, que necesitaban a un inquilino (yo) para compartir la casa de tres habitaciones. "¿harán muchas fiestas, no?", preguntó yo, sabiendo que no me iba a quedar con la habitación después de hablar 30 minutos con ellas. "bueno, somos jóvenes y es la primera vez que salimos de Oz" (como le dicen a Australia los jóvenes anglosajones). "ah!", respondo.

En algunos pisos me recibían muchos pares de ojos desde el sofá o comedor, como un banco de peces a un submarinista. Eso si, me he dado cuenta que la comunidad India, Bengalí y Pakistaní, hace negocio con los pisos: rentan una casa y luego lo alquilan a estudiantes (como yo), haciéndose con la plusvalía correspondiente. En fin, que podría haber tomado fotos a todos los sitios que fui para hacer una estudio sociológico de la vida de inmigrante en Londres, pero no fui capaz. Hasta he vivido una huelga de trenes: "este tren no para en la siguiente estación por la huelga", se escucha en los altavoces de toda la red de metro que recuerdan a Orwell. La gente no se inmuta, no hay ni una queja ni una diálogo, nada! y digo, yo, en España la gente diría algo!!! ¿será la famosa flema?

domingo, enero 01, 2006

Tengo vivienda (Londres día 14)


Por fin, tengo donde vivir en Londres. Me mudo mañana. Ha sido una locura. Algunos números:

Días efectivos de búsqueda: 8
Cantidad de pisos vistos: 24 (aprox)
Llamadas hechas: 60 (aprox)
Horas en el metro: 20 (aprox)
Horas caminando: muchas
Esperas bajo la nieve y con viento: 1
Porcentaje de pisos que enseñaba gente que no vivía allí (ie. Listos): 80%
Porcentaje de pisos que enseñaban Indios o bengalíes: 70%
Porcentaje de pisos que no olían bien: >50%
Pisos tipo prision: 1
Huelgas del metro: 1
Pisos tipo hotel (un pasillo, habitaciones y baños compartidos): 70%

Las herramientas usadas: ver foto.

lunes, diciembre 19, 2005

Casi en coma (Londres día 1)



He llegado a Londres por fin. Después de semanas y semanas preparando mi partida temporal del trabajo y de Madrid, e intentando dominar el caos que tenía en mi piso, he logrado llegar. Ha sido como el inicio de El desbarrancadero:


Cuando le abrieron la puerta entró sin saludar, subió la escalera, cruzó la segunda planta, llegó al cuarto del fondo, se desplomó en la cama y cayó en coma


No caí exactamente en coma pero casi. El viaje fue, digamos, normal (salvo que tuve que abrir la maleta y repartir el peso con la maleta de mano para poder viajar mientras la gente cotilleaba mi ropa y mi vida personal con voracidad). O me recogió en la estación de tren, fuimos a hacer una pequeña compra en un Sansbury y pagamos en una caja en la que pagas tu mismo. Si, muy modelno todo, pero eso de que una máquina te de órdenes no termina de convencer, por lo menos cuando las órdenes son a grito pelado: “por favor ponga el objeto en la bolsa!!”, “vuelva a dejar el objeto en la bolsa” (!!!!), “Se ha retirado la bolsa de la plataforma. Por favor póngala de nuevo” y mensajes similares.

sábado, diciembre 10, 2005

Extraña sensación


En las mañanas, antes de despertar, tengo una extraña sensación. En los pocos segundos que tardo en despertar totalmente, mi mente intenta reencontrarse con la historia de vida que dejó al dormir. Me siento como una serpiente que ha mudado de piel solo para dormir, piel que luego tendrá que volverse a poner. Un afán enfermizo de buscar la ropa que llevaba todo el día anterior (ropajes que cargan personalidades y, una y solo una historia personal). En esa búsqueda que a veces se me hace eterna, exploro muchos posibles caminos. Alguna vez pensé que despertaría siendo un médico depresivo de un gran hospital neoyorquino, bombero valiente pero con poco trabajo en Katmandú, conserje del palacio Real de algún monarca Africano, mendigo desterrado de las calles céntricas de Praga, un baquiano viejo de algún río tropical, un sicópata en tratamiento en algún psiquiátrico insalubre, un preso con cadena perpetua en alguna cárcel hacinada, un consultor engranaje de una gran empresa, un vendedor de lotería ciego que habla con confianza con el señor del quiosco, un vendedor de discos ilegales en una ciudad legalista, un joven ácrata propagador de ideas revolucionarias, un panadero que lleva despertándose a las cuatro de la mañana desde hace cincuenta años para hacer el pan, un conductor aburrido de cara abatida y con ganas de terminar la jornada para ir a casa a encender la tele, un alto ejecutivo pensando cómo suplir su dosis de cocaína para el fin de semana mientras hace un swing al hoyo tres, un vendedor telefónico de artilugios innecesarios, un habitante selvático que debe recorrer doce kilómetros para ir a trabajar en el granero del caserío mas cercano.

Esta mañana pensé que era un don nadie que tenía un viaje para Londres el próximo domingo y que tenía previsto estar unos meses allí sin muchos planes concretos pero con una sensación de huida temporal. Eso pensé y acerté.

domingo, octubre 02, 2005

Una judicial

Las leyes, el sistema, el orden. Este es el retrato oficial de un juez juzgando con sus leyes. Un conjunto de personas reunidas por situaciones tan abyectas como la carne descompuesta, tratando de discernir quién es el menos culpable de todos: el juez, los testigos, el fiscal, los abogados, el acusado, los guardias, el público. Eventos que demuestran el morbo humano afinado desde que la civilización existe como tal. ¿Juzgaban así en los tiempos de Hammurabi? No me sorprendería. Son sitios donde se ve la parte mas indigna de cada persona, y donde cada uno se intenta mostrar grande e imponente, de acuerdo a su papel. Es de suponer que en tiempos de Hammurabi el juez enseñaba su superioridad intelectual con la posesión de bienes (mas o menos como ocurre actualmente: tampoco han cambiado sustancialmente las leyes). Bienes tales como partes de carne, las mejores vacas cortadas y mostradas durante el juicio como posibles recompensas a quién se comporte de acuerdo a las reglas descritas (no necesariamente acordadas). En otras épocas, se usaban pelucas imposibles: blancas y ensortijadas; ahora, se llevan, por lo menos, togas impolutas y escenarios de maderas exclusivas, mostrando la superioridad de una de las partes: el juez. La sinceridad y la justicia se representan por la calidad de la carne exhibida.

Gracias Bacon.

sábado, agosto 06, 2005

Pesadillas estivales

Comprobado. El verano (la peor estación del año) me hace aumentar el índice de pesadillas por noche. Incluso ya estoy llegando a sentir que voy de viaje cuando me voy a encontrar con Morfeo. Como quien va a la guerra y su madre lo despide de un beso en la frente. Momentos en los que se sabe que solo hay incertidumbre allí afuera. Que abres una puerta que siempre debió permanecer cerrada. Ayer, en medio de la duermevela, me percaté de que había un desconocido a mi lado. Mientras retomaba la historia de mi vida en el momento que la dejé antes de ir a la cama, sentía pavor, miedo. ¿Quién estaba a mi lado? Llegué a pensar que era domingo y que la juerga del sábado habría sido antológica y por eso estaba acompañado. Sentí que llevaba años de casado y que en cualquier momento los niños gritarían desde su habitación para despertar a sus progenitores. Sentí que vivía en Bangladesh y que eramos muchos y muy pobres, así que compartía mi cama con algún familiar obeso. ¿Quién era yo? ¿Qué había antes de irme a la cama? ¿Lo que dejé al dormir merecía la pena? ¿Qué he dejado? Tardé demasiado en recordar.


Es la misma sensación que se tiene cuando uno despierta en un hotel o en otra ciudad cuando está de viaje, la misma sensación pero durante mucho mas tiempo. Como la sombra que sigues para ver dónde termina y ves que a pesar de hacerse estrecha, se alarga casi hasta el infinito. Y aumentas la velocidad para llegar al final mas pronto y solo consigues alimentar mas ansiedad, un ciclo infernal. Los latidos aumentan y la duermevela se aferra mas. Ya, era yo. El mismo. No habría nada mas de que quejarse, me recordaba. Nada por que luchar. La situación no había cambiado y no había nada distinto, las cosas están como cuando las dejé.


Es inevitable pensar que cada vez que voy a cama siento morir. Muero todos los días. Por obra de la naturaleza, mi yo, mi extensión material y el resto del atrezo se unen de nuevo en las mañanas, con el ruido de las palomas que me despiertan, con la radio anunciándome una nueva tragedia, con la sensación de repetir el día como el de ayer, con la idea de volver a retomar mi vida y preguntarme qué hago aquí y por qué. Muero todos los días.

sábado, junio 25, 2005

Revelación

Das na barajusta mirac, en caqesa dabie al cantutisa banqre das queien eqso i peoqdetora cicuenza tieraono yumin pionala sica tomien. adhuc! adhuc!

lunes, junio 20, 2005

Hoy

Organizando los papeles de mi escritorio, encontré una carta del loco. Pego un extracto:

(...)
Hoy. De nuevo con ganas de no existencia. Siento, que al salir de mi caparazón, de mi concha, de mi pequeño, erróneo y brutal universo, al salir, veo cosas que me resultan cada vez mas incomprensibles. Situaciones insólitas, extrañas, sobre todo por su falta de sentido, de orden. La luz llega a mis ojos. La única interpretación que puedo darle a la sinrazón que transmiten las imágenes que percibo, es funesta, triste. Y me comporto y actúo y miro y absorbo. Y me acongojo y me preocupo aún más. Qué hago yo aquí, quién me puso aquí, por qué tengo que aguantar esto. Muchas preguntas viejas conocidas que me asaltan recurrentemente como asaltantes de caminos medievales.

Valores que no sigo. Inquietudes terriblemente vacuas. Otro orden de ideas, de estado, que no comparto, que me cuesta compartir, que intento compartir pero que no es posible aceptar. Puedo fingir hasta cierto punto. El punto en el que ya nada tendrá sentido y que no veo extraño. ¿Qué tengo que hacer para solucionarlo? Seguir fingiendo normas, hábitos. Hablo de la sociedad, de la vida, del comportamiento de la gente, de la abyecta obligación natural a ser gregarios. Oculto mi inconformismo a esto, a la sociedad, a la vida. A la vida de 8 horas al día, y sonrisas por la tarde, y tonterías por la noche. Reniego y oculto. El día que deje de ocultar significa el fin de quien esto escribe. Ya sea por la coincidencia con su fin biológico o su fin de pensamiento, es decir, el mismo fin, y a veces la finalidad. Una perogrullada, lo sé. Pero son cosas que parecen no quedar claras si no las dices o las escribes. ¿Qué tengo que hacer? Nada! Hoy, es uno de esos días en los que recuerdas lo insoportable que es la vida. Y hasta Cioran empieza a ser un generador de tautologías sin soluciones. ¿Quién tiene soluciones? ¿Quién quiere soluciones? ¿Y mañana? Mañana no existe, jódete.
(...)

domingo, abril 10, 2005

¿Por qué juzgamos sin tener en cuenta la perenne relatividad de nuestras creencias? (cosa que, o no sabemos o tendemos a olvidar con demasiada frecuencia).

martes, marzo 08, 2005

Putrefacción

Como si pedazos de mi quijada estuvieran descompuestos y cayeran, putrefactos. Un dolor angustioso que me hace sentir cada nervio, cada cable de dolor. Nunca imaginé que ese gran árbol con millares de raíces fuera de tal tamaño. Ahora tengo consciencia de cada raíz, el dolor hace que las vea y entienda, sienta a todas en un mismo instante, como un fotograma. Hablo y salen colores, rojos como el palpito de la encía. Pienso y mi vista se nubla de gris. Imagino el movimiento ritmico del dolor y termino oliendo a putrefacción. Ahora hay solo un sentido, el dolor. Mientras, siento corrientazos continuos de gran voltaje, embestidas de toro sobre mi diente.

lunes, marzo 07, 2005

Sobre

Con el corazón latiendo como si respondiera a mil estertores seguidos, llegué a la puerta. Me costó mucho sacar las llaves de la mochila, elegir la correcta. Un gran desespero, como si el mundo se estuviera acabando fuera de casa. Dentro, mi salvación. Finalmente encontré la llave correcta. La señora tejía en la sala. Me miró por encima de sus lentes oblongos en señal de saludo. Hice lo mismo moviendo mínimamente mis cejas. Suficiente saludo, me dije. Entré a la habitación. Retiré algo de caos de mi cama y puse allí la mochila. El sobre era blanco y estaba arrugado. Tantos empujones en los autobuses, tanto afán por llegar. La situación anterior se veía reflejada en los pliegues de ese sobre. Tres horas atrás estaba perfecto, impoluto. Ahora, y como me habría de comprobar luego, mi atroz influencia, mi sino, mi mal humor, había obrado en él: en tres horas casi destruido. Al abrirlo encuentro por fin las decenas de caracteres, el galimatías, que me había sido enviado desde España dos días atrás. La orden estaba clara. Debía seleccionar sólo los números, desechar los primos, usar el número resultante y luego destruir el papel. Contrario a las instrucciones tomé otro papel y empecé a copiar allí la respuesta. Solo los números no primos. Ya tenía el número correcto, veintisiete cifras. Y allí empezó mi verdadera pesadilla.